"Conocí a alguien"


“Estoy feliz” me dijiste. “Creo que conocí a alguien, estoy enganchado.”
“Estoy realmente feliz” me dijiste con tanta fuerza, que no viste cómo se rompió mi corazón.

Nos conocemos hace cuatro años.
Cuatro años de una complicada relación con vaivenes, donde un día éramos inseparables y al mes siguiente salías corriendo de mi vida.
Cuatro años desde el momento en que le confesé al celular que estaba enamorada de vos y que no podía continuar mi relación sentimental con otra persona, porque temía seguir viendo tu cara en la suya. Cuatro años desde el momento en que me dijiste que estabas enamorado de mí y que como eso te hacía daño preferías irte antes de salir lastimado.
Ahora, cuatro años después, tengo que huir yo.
Supuse que algo malo pasaba la primera vez que tardaste más de cinco horas en responder un mensaje. Sería tonta si niego que pasé aquellas cinco horas mirando el celular, primero con felicidad, a las 20:45, después con ansiedad, a las 21:17; con tristeza a las 22:36 y con enojo, finalmente a las 02:03 am, cuando por fin me respondiste como si nada. Como si en aquel lapso de tiempo en tu mente hubieras olvidado que existía un ser minúsculo esperando una respuesta tonta sobre si habías terminado el libro del que hablábamos hacía semanas.
¿Qué se dice en esos momentos?
No se dice nada, se muerden los labios y se intenta responder, si es que aun te quedan ganas de reflotar una conversación que mataste cuando te olvidaste de mí. Pero no podía decir nada, no porque no fuésemos nada, sino porque habíamos sido todo y yo lo arruiné, y ahora quería una oportunidad cuando lo nuestro se había apagado a sabiendas del dolor que causé.
Me duele pensar que estuviste, me duele pensar que estuve, me duele pensar, que estuvimos, pero nunca funcionó.
No existe recuerdo de lo nuestro que pueda olvidar, aunque ahora duele mucho más.
¿Si el amor no coincide, será por que NO es?
Un sábado a la tarde, hace cuatro años, me dijiste que estabas enamorado y preferías irte. Un sábado a la noche acepté tu petición porque mi cabeza no podía soltar la costumbre de una relación muerta y mi corazón tenía miedo de aceptar una relación tan difícil, aunque él ya te perteneciera desde hacía meses.
Ayer, un lunes a la noche, me dijiste que estabas enganchado y feliz de descubrir que habías vuelto a sentir algo por alguien. Hoy, un martes por la mañana, me desperté llorando abrazando a mi peluche, entendiendo que por fin te había perdido.
¿Ahora cómo te olvido? ¡Carajo! ¿Cómo se me ocurrió pretender que podíamos ser amigos? ¿Cómo te saco de mi mente?
Cuatro veces nos distanciamos. Tres veces fui yo a buscarte. Cuatro veces te fuiste de mí porque te hacía daño, tres veces corrí detrás tuyo porque no te podía soltar.
La última vez que volviste a mi vida, cuando creí que ya te había olvidado y que había vuelto a encontrar el amor, me sacaste la máscara con un “Te quiero, idiota”. Y te volví a lastimar con un “Estoy con alguien más.”
Dos oportunidades tuvimos de estar juntos. La primera actué tarde, la segunda, te fuiste temprano.
Si nunca pudimos llevar adelante un amor real, ¿por qué me duele así la desilusión?
Si te sueño cuando estoy triste, si me sé de memoria cada palabra que me repetías cuando estaba en la lona, si todavía me late el corazón cuando leo tu nombre en mi celular, si todavía le saco capturas a tus fotos de perfil mientras las miro idiotizada. Si todavía me duele el rechazo de los malos amores a los que me entrego y se me cristalizan los ojos cuando me decís que me merezco algo más. Si todavía nos imagino encontrándonos en Canadá, si todavía tenía esperanzas de que el futuro nos cruce una última vez más.
¿Por qué me duele lo que nunca pude tener? ¿Por qué me volviste a decir que soy importante para vos cuando ni siquiera podemos mantener una amistad estable?
Nos rompimos el corazón tantas veces por no concretar nada que en algún momento creí que nos tocaría arreglarlo juntos.
Pero ahora te vas.
Y yo me quedo aquí. Ahogándome en las palabras que no te dije. Atrapada en una realidad que no concuerda con mis deseos y abrazando un recuerdo que se desvanece.
Hace cuatro años nos enamoramos y no pudimos llevar a cabo nuestro amor. Hace cuatro años te amé tanto que intenté abandonar todo y volar a vos. Hace cuatro años tuviste miedo, con razón, y te fuiste corriendo mientras me rompías por primera vez el corazón.
Hoy, más distantes que nunca, nos volvimos a partir en dos. A mí por la tristeza y a vos por el amor. Hoy, por fin dimos por muerto algo que en realidad nunca vivió.
Hoy, mi querido amigo, soy yo la que se va corriendo, con los mejores deseos pero el corazón asustado de lo que vendrá.
Ayer me ayudaste a descubrir de nuevo quien debía ser, hoy me presentaste los motivos por los que cada mensaje parecía tan distinto a lo que éramos hace cuatro años. Hoy sos una persona nueva que por fin se pudo arreglar y encontró de nuevo las ganas de amar, mientras en casa, yo decido dejar de hacerlo.
Quizás, hoy me toque a mí arreglarme sin la necesidad de nadie más, quizás el destino me tiene guardado un buen amor por fin, quizás debería dejar de forzar la brújula apuntándola a vos y dejar que la vida me lleve por donde fluya.
Quizás, y solo quizás, nuestra encuentro en esta vida haya sido solo ese. Una estrella fugaz que forzamos a pasar más de una vez.

“Estoy feliz” me dijiste.
“Estoy feliz por vos” respondí.
Dentro de mí, lamenté que aquellas fueran las últimas palabras que te haya dicho.
No estoy feliz. Pero no te lo pude decir. Y en ese chat, ahora vacío y triste, se quedaron mis ganas de amarte.

Comentarios

Entradas populares