Él, ella y ella también


Todos nos merecemos personas que nos amen como él, ella y ella también. Un amor, una hermana y una amiga. No le deseo nada más al resto del mundo, que aquellas tres personitas que tengo en mi vida y costó demasiado poder tener.
Honestamente, no creo que ni dedicándole una biblioteca de libros pueda devolver o poner en palabras todo lo que hicieron estas tres personas por mí. Son cosas raras las que te pasan en la vida, cuando tres personas distintas, distantes y totalmente buenas, se alinean para darte el empujón que se necesita para salir adelante.

Todos merecemos un amor como el de él. Aunque sé, en el fondo, que él no se merece todo el daño que en algún momento pude causarle. Todos merecemos en la vida, un amor inolvidable que marque en tu piel las palabras que nadie más va a decirte, que nadie más consiga marcarte ni tatuarte en cada zona de tu corazón. Todos merecemos en la vida, un amor que te sirva de inspiración en cada obra de arte que puedas crear.
Él, tan dulce, tan inteligente, tan único.
Aquel faro que aparece en mi vida cada vez que necesito recordarme a mí misma quien soy y donde quiero estar. Él, tan hermoso como difícil, tan simple como una ecuación matemática, tan centrado como aferrado a las exactitudes de la vida. Él, el que vino a gritarme sin gritar, que yo era más de lo que estaba aceptando.
Él, la palabra que te llega cuando tiene que llegar y te pega donde te tiene que pegar.
¿Cuándo volveré a encontrar alguien así? No existen más supongo, me tocó la edición limitada de su versión y gracias a que tiene mala memoria, se deja volver a mí cuando más lo necesito.
Él, el que pienso cuando estoy sola, triste y asustada. Él, el que pienso cuando estoy feliz e inspirada. Él, la cara de todos mis protagonistas en mis historias de amor, y la cara que sueño cuando sueño con mi amor.
Él, al que adopté en mi vida como “La mejor historia que me invité”.
Él, y mil veces él. El amor pendiente que no se cumplió, el ardor en mi pecho en mis madrugadas de llanto deseando sentir el abrazo que me envía a distancia todas las noches que hablamos hasta que se va a dormir.
“Quizás muchas veces no tengas las actitudes que querés tener para enfrentar ciertas cosas…pero Dios, ¿quién las tiene? Somos personas, somos humanos y estamos tan jodidamente rotos… No te castigues tanto por eso. Cometemos errores, lastimamos, somos lastimados… pero eso no quiere decir que no podamos buscar algo mejor para nosotros, que no podamos buscar ser felices.”
Él, el que supo encontrar las palabras para levantar un edificio completamente caído y volver a darle esperanzas a un ciego de poder ver el cielo azul una vez más.
Todos se merecen un amor como él. Un amor, que te crispe la piel sin tocarte, incluso viviendo a kilómetros de tu ser.


Además, todos nos merecemos una amiga como ella. Aquella chica linda de sonrisa rota y ojos tristes que se recomponen un poquito más cada día mientras se enfrenta a la vida con puños cerrados y la frente en alto.
Ella. Tan fuerte, tan dulce, tan madura.
Ella, la amiga que se ríe fuerte y que habla despacito. La que conoces hace tiempo, pero que siempre te enseña algo más que no creíste encontrar en su pequeño ser. Ella, la que te mira a los ojos y te derrite el corazón, porque sabe hablar sin hablar y acariciar sin tocar.
Todos nos merecemos una amiga como ella ¿sabes? Y no me voy a cansar de repetirlo.
Porque todos, absolutamente todos, necesitamos a una de esas en la vida en algún momento determinado… aunque en realidad ¿por qué no tenerla en todos?
Todos nos merecemos una amiga como ella.
Ella, la que te conoció rota y se sentó al lado tuyo a acompañarte mientras te arreglabas como podías. Ella, la que nunca tuvo miedo de quererte y abrazar cada pedacito filoso con el que te gustaba alejar al resto de las personas. Ella, la que nunca te juzgó por ser diferente al resto y que siempre te alentó a explotar esas diferencias de la que tanto se reían en las tardes de chicas cuando eran adolescentes.
Ella, la que se fue un día y pensaste que no ibas a volver a ver. Aquella amiga que quedó como uno de los pocos recuerdos lindos que tuviste en la secundaria y a los que, a veces, querés volver. Ella, la que se fue como una niña y volvió como una mujer, pero nunca jamás perdió la ternura y el amor que caracterizaron siempre su hermosa forma de ser.
Todos nos merecemos una amiga como ella. La que se fue pero volvió y te abrazó el alma y nunca te juzgó. Como esa chica que te escucha, te presta atención y te dice cosas como “La pelea no siempre es en el campo de batalla, a veces hay que tomar un descanso y armar un plan. Tanto para retirarse, como para seguir batallando” para que sigas pelando esa guerra que tenes contra vos misma. Para que ganes ese conflicto en el que la única que tiene que salir ganando sos vos.
Ella, la que siempre va a estar para vos, la que espera que la busques, la que habla con el corazón y espera paciente que la escuches y elijas bien. Aquella que no busca tener la razón mientras el resultado sea a favor de quien ama. La que espera paciente que quienes la rodean se sientan bien, y al mismo tiempo la que no teme sentarse un par de horas más a acariciarte la espalda mientras lloras por lo mismo por veinteava vez.
Todos, absolutamente todos nos merecemos una amiga como ella.


Pero, todos nos merecemos una hermana como ella también. La que pega sin pegar, la que te despierta sin temor, la que te empuja a saltar.
Como ella, hay muchas, pero las personas normales no saben apreciarlas. Menos mal que me tocó conocerla, pero menos mal también, que me tocó entenderla.
Ella, tan valiente, tan sincera y tan soñadora.
Todos nos merecemos una hermana como ella también. La que no le tiembla la mano a la hora de acomodarte las ideas de un solo sopetón.
Ella, la chillona, la graciosa, la irónica, la que puede reírse de ella misma, con vos, del mundo, pero nunca desestima ninguna de tus partes ni deja que el mundo desestime las suyas. Ella, la que conectó apenas te conoció, el alma gemela que pensabas que no existía y estaba guardado en un pequeño ser que tiene muchísimo mas para dar que lo que aparenta en el exterior.
Todos nos merecemos la mano firme que te mira a los ojos y te dice “No más, el limite sos vos” y solo con eso, te rompe todo adentro porque… ¿Cómo es posible que otra persona te muestre el amor propio que te falta con solo decir una frase?
Ella, la que te puede hacer llorar solo con mirarte y entender que parte del cuerpo tenes enferma, cual doctor milagroso en inicio de tratamiento para enfermedades terminales del corazón. Ella, la que puede ser un amor y el lugar donde te caes mil veces por el mismo motivo, pero que al mismo tiempo puede ser tu peor pesadilla al enfrentarte al espejo que no queres ver.
Todos, absolutamente todos nos merecemos una hermana del alma como ella, la que te acaricia sin consentirte, la que te deja volar sin soltar el hilo que te ata a la tierra porque sabe que la caída duele más cuanto más alto volas sin pensar.
Todos nos merecemos una hermana como ella, la que te a pesar de enojarse con vos, jamás te va a hacer sentir una molestia cuando vuelvas a llorar a su puerta porque te caíste de nuevo con la misma piedra. Como ella, la que te cura con paciencia y amor cada herida abierta, no sin antes tirarte un poquito de alcohol para que entiendas que ponerte el obstáculo adelante no es una manera de avanzar.
A mí me tocó conocerla cuando buscaba conocerme. Y mientras la comenzaba a amar comencé a amar cada pedacito de su oscuridad también, porque aprendí, que supo hacer lo que el resto no sabemos. Con ella aprendí, que aquellos agujeros negros que nos consumen no solo sirven para tirarnos al piso, sino también para mutar, para abrazarlos con tanta fuerza que los puedas detener. Que las partes malas de nosotros son las mismas de las que aprendes a ser mejor.
Ella, la que me enseñó que el duelo es necesario y el dolor forma parte de la vida, pero que nada puede avanzar si está estancado en el miedo a lastimarse. Ella, la que me muestra todo el tiempo que a veces es mejor bajarse del tren a empujarlo, así te ensucies o te lastimes con aquella piedra que obstaculiza tu camino, porque es la única manera en la que ese vehículo va a arrancar.

Mi mundo se compone de muchas personas a las que amo y amé. Muchas personas que fueron y vinieron, a las que les escribí y a las que la borré también. Pero no existen personas como ellas tres. Él, ella y ella también. Y la verdad, es que se las deseo a todos, porque todos nos merecemos personas como ellas, que saquen la oscuridad y te abracen el alma a tal punto que quieras formar sus nombres en las estrellas para que todos sepan que existen. Y que todos se las merecen, porque todos nos mercemos alguien que nos haga bien.

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