Maga
Maga ama a su novio. Sonríe en las fotos que sube con él
todas las noches, y él se prende a sus jugarretas cuando ella prende la cámara.
Se aman.
O bueno, eso es lo que le dicen al otro cada tanto, sobre
todo en las publicaciones de internet.
Maga dice que ama a su novio. Él dice que la ama.
Pero está todo el tiempo enojada con él.
¿Eso vale como amor?
Cuando Maga está con sus amigas, en el trabajo, o con sus
personas cercanas, dice que ama mucho a su novio. Al principio de la
conversación, claro. No es difícil sacarle a Maga, después de media hora de
insistencia en el dichoso tema del amor, que no está segura de si ama o no a su
novio. Después de una hora, ya no lo ama.
Contradicciones de la vida, que nos atraviesan a todos, pero
nadie lo dice en voz alta. Ella no es la única que oculta sus sentimientos para
evitar sentirse mal o culpable por dejar de amar a quien debe amar. “Debe” Por
costumbre, por agradecimiento, por lo que sea.
Pero dentro de la vida de Maga no todo es una historia de
instagram con filtros de pestañas postizas y sonrisas maquilladas.
¿Qué se hace cuando ya no amas, pero necesitas? Ojo, no la
necesidad tóxica, enfermiza, esa falta que te hace aferrarte a alguien hasta el
punto de soportar lo insoportable. Esa la dejemos para otro tema. Hablemos de
la necesidad nostálgica. Del vacío con el que cargamos y que de repente llena
ese alguien especial, haciéndonos sentir un poquito menos rotos, solos,
acomplejados, vacíos. Maga necesita a su novio, como necesita ser feliz.
¿Qué se hace cuando el amor se transforma en eso? En el
conformismo de un abrazo cálido que brinda seguridad, aunque no sea la que vos
quieras exactamente ni la que el otro se merece. En una cama calentita después
de una cena de a dos, que sabe cómo un almuerzo familiar que ya no está. En un
hombro que escucha lo que no escucharon todas las personas a las que deseaste
contarle tu día. En un beso que nadie más te puede dar, porque tenes miedo de
ser rechazada, después de que vos misma te rechazas constantemente.
Ese amor lindo que ya no es, es el que te ata a un amor que
ya no existe. A una nada que no para de crecer.
Y duele como la puta madre.
Porque no sos una mala persona que juega con sentimientos
ajenos. Porque no es que ya no sea amor, porque es amor, pero no el que era al
principio. Porque más que amor es miedo a perderlo, aún sabiendo que ya no está.
Que vos te despediste de él hace mucho y te hiciste la ciega para que no duela.
Porque las heridas de amor con morfina saben mucho mejor.
Porque jugar a que nos seguimos amando como el primer día, es más fácil que contarle al mundo que ya no queres estar más en cierto lugar.
Porque jugar a que nos seguimos amando como el primer día, es más fácil que contarle al mundo que ya no queres estar más en cierto lugar.
Amas pero no como antes. Amas a la idea del amor que fue, a
la idea de cómo esa persona llenó el vacío que tenías adentro, ya sea por otro
amor pasado, por una amistad rota o una familia que nunca te supo conformar. No
podes soltar porque te convences que fue tan hermoso lo que esa persona hizo
por vos, que es imposible que se haya roto. ¿En qué momento te dejo de gustar?
¿Cuándo te dejo de importar si te daba un pico o un beso largo cada vez que lo veías?
A mí no me jodas, las mariposas en la panza por verlo todos los días no se
mueren cuando muere el enamoramiento a los 6 meses, si de verdad amas, nunca
las perdes. Mutan, esa ansiedad se vuelve seguridad, se transforma en
felicidad. Cuando de verdad amas, dejas de querer ver a esa persona con
desesperación, a ser feliz incluso antes de llegar al lugar de encuentro,
imaginando cada cosa que vas a contarle después del beso largo. El romanticismo
no es para tontos. Lo matamos, pero está ahí, y existe desde siempre porque es
un fruto del amor, que no es para todos. Que no todos se bancan, ni lo usan
porque creen que no es necesario.
Que tontos.
Cuando dejas morir ese sentimiento, comenzas a dejar morir
el amor. ¿Qué queda sino? Quejarse por la hora de espera a que él salga del
trabajo, quejarse de tener que llegar a una casa que no es la tuya pero te hace
menos mal que la misma. Sí, porque es así, te hace menos mal, no mejor. Y
a eso estamos acostumbrados en nombre del amor. Porque ese rincón que te daba un
refugio del mundo, te alejaba de los problemas que todos traemos de nuestro hogar, ya no te lo da. Pasó de ser tu lugarcito en el mundo, al lugar que ocupar
para evadir los problemas propios. Y dormis en una cama que no es la tuya, y ya
no es cómoda como antes. ¿Qué pasó? ¿La gastaron de tanto uso? No, gastaste el
amor que te hacia ser feliz debajo de esa sábana, al lado de quien pensabas que era el amor
de tu vida.
Los mensajes ya no son los mismos. Los “te amo” son
mecánicos. Los “buenos días” se pierden en un “Apagá la alarma, pásame el celu,
me estas destapando” y mil y un cosas más que demuestran cómo, una vez más,
gano la costumbre. Desde el amanecer de cada día de la semana.
Ay, ¡la costumbre!
¿Cómo dejamos la costumbre? ¿Cómo salimos de la zona de
confort? Si el mundo afuera duele más que adentro. Si enfrentarme a la idea de
estar sola y no tener donde huir te mata. Si la idea de sentir que ya no tenes
a quien contarle tu día te mata. Te destroza pensar que si soltas eso que ya no
amas pero que queres, vas a quedar sola.
Todo menos quedarte sola.
Subestimamos el poder de la soledad. Hay quienes saben
manejarla, hay quienes no. Pero hay, sobre todo, los que preferimos estar
felices siendo infelices, antes que quedarnos solos.
Maga ama a su novio. O lo quiere. O lo necesita. O está
acostumbrada. Maga no puede soltar, por el pasado, el presente y el futuro.
Pero Maga no sabe, que si suelta, es necesario que caiga, lo que no es
necesario, es que lo haga sola. Porque hay algo que nadie entiende del todo, y
es que los vacíos del pasado no se curan con una sola persona. ¿Cómo le damos
la responsabilidad de hacernos felices y curarnos a una sola persona que apenas
puede con sí misma? Maga no entiende que si cae, tiene manos que la van a
sostener. Ya no es solo él. Hay manos amigas que la van a agarrar para que la
caída no duela tanto (porque siempre va a doler, no seamos fantasiosos). La van
a sostener con todas sus fuerzas, y no es para salvarla, porque nadie la va a
salvar más que ella.
Pero para salvarse, primero necesita soltar. Y ese, es el
paso mas difícil.


Comentarios
Publicar un comentario