No te puedo soltar


Ya me cansé de leer libros de autoayuda sobre corazones roto. Me cansé de seguir a cuentas de Instagram que suben frases motivadoras sobre el amor y el sobreponerse a una ruptura. Ya le di like a todos los escritos sobre superaciones personales ante los golpes de la vida que llevan a querer arrancarse el corazón y tirarlo a la basura. Ya me leí todos los post sobre anécdotas de amores nuevos que cambian el rumbo de la depresión post muerte de sentimientos.
Pero no te puedo soltar.
Ya me cansé de fumar a diario para sentir que algo me llena el cuerpo. Me cansé de tomar café y llorar frente al azúcar porque aquella bebida era tu favorita y aún la sigo tomando a la misma hora que lo hacíamos juntos. Ya tiré la marca de café que te gustaba y limpie la mancha de aquella bebida que me dejaste en el mantel de girasoles de mi departamento. Ya guardé todas las notas que dejabas cuando salías de casa antes de irte a la facultad.
Pero no te puedo soltar.
Ya escuché a todas las bandas románticas que existen para llorar hasta la madrugada y así sentirme mejor al día siguiente. Ya twitee “Todavía no puedo olvidarte ni dejarte de pensar. Todavía no sé cómo borrarte, duele tanto recordar que estuviste aquí, que eras para mi” para que a alguien le llame la atención mi tristeza y me trate de animar inútilmente. Ya canté a todo pulmón “Todavía no dejo de extrañarte y no lo puedo ocultar. Solamente puedo imaginarme que un día vas a regresar, pero no es así, al final de todo ahora te perdí” mientras maldecía una y otra vez a Matisse por tener canciones tan bonitas y dolorosas sobre el amor.
Y no te puedo soltar.
Ya quise dejarte en visto los mensajes amistosos que me mandas para pretender que superamos lo que nos pasó y podemos ser amigos. Me desesperé mil veces por entrar a buscar un mensaje y verte en línea mientras tardas más de media hora en contestarme. Ya me insulté mil y una veces por convertirme en una enferma dependiente de tus buenas noches para dormir. Ya apagué el celular con la promesa tonta de no responderte nunca más y lo volví a prender para hablar un ratito más con vos.
Y no, no te puedo soltar.
Ya reí con mis amigas después de la charla motivadora en la que sentís que vas a poder con todo durante la media hora que estas con ellas. Ya volví a buscarte en mi galería de fotos cuando me quedé sola y maldije que esa puta ilusión de seguir no se quede conmigo y se vaya con ellas. Ya no tengo más ganas de escribirte en el papel porque me da miedo que una hoja se vaya volando y alguien se ría de mi obsesión triste con vos. Ya le pregunté de nuevo a mi mejor amiga si lo mío era psicológico o de verdad se me había partido el órgano que supuestamente late y me da vida para despertar todas las mañanas sin vos.
No te puedo soltar.
No te puedo soltar como no puedo soltar la imagen de tu sonrisa, de tu mirada y tus oyuelos. No puedo soltar el sonido de tu voz dulce diciéndome que todo va a estar bien, porque desde que te fuiste que nada está bien. No puedo soltar tu mano aunque ya se haya ido hace mucho tiempo, el que me parece demasiado eterno.
Aunque el mundo me diga que de amor nadie se muere, yo siento que un pedacito de mi vida se fue con vos. Con nuestros recuerdos juntos, nuestro planes, nuestros sueños que ahora sé que nunca se harán realidad. Como ese viaje que planificamos en pijama durante noches largas que ahora no existen nunca más.
El café se enfrío. El viento sopla con más fuerza. El sol ya no calienta. La lluvia ya no es tan bonita.
Nuestro amor se murió.
Y lo único que queda de ese amor son las cenizas, esas que limpiaste con una escoba apenas te fuiste, pero que yo no pude sacar de mi rincón. Ahí están, me queman todavía, me arden en la piel como cada noche en la que no tengo tus brazos rodeándome para dormir sin tener pesadillas.
Pero no te lo puedo decir. Antes de irte te dije todo y aun así, te fuiste. Aun así pesaron más tus palabras que las mías, aun así pesó más tu deseo de seguir adelante sin mí. No hubieron excusas tontas, no hubo una tercera en discordia, no hubo una mentira… no me diste los motivos suficientes para odiarte y aferrarme a ello para dejarte ir. Te fuiste con un beso en la mejilla y un abrazo de corazón, te fuiste porque no estabas feliz y no valía la pena insistir.
¿Cómo te suelto? ¿Cómo suelto tu perfume? ¿Cómo olvido nuestras charlas hasta la madrugada? ¿Cómo me borro de la piel cada frases hermosa que me dijiste cuando nos conocimos? ¿Cómo olvido la lista de tus libros favoritos? ¿Cómo me saco de la cabeza las ideas que me dejaste en estos años?
No te puedo soltar, pero tampoco te puedo atar. Y solo me queda el vacío, la esperanza de estar bien y el recuerdo de lo que no fue, mientras te veo ahí, lejos de mí de nuevo.
Feliz otra vez.
Pero sin mí.

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